Batallón de Chía, en la Guerra de los mil días.

Batallón de Chía, en la Guerra de los mil días . Foto cortesía Familia Duarte

 

Presentamos algunos textos como aportes a la reconstrucción de esa historia, sin pretender decir que es una verdad acabada, somos conscientes que la historia es dinámica y por lo cual en cada paso que da, se transforma.

Incluimos algunos textos de los oficios de los habitantes de Chía en el siglo pasado, como las herrerías que crecieron en torno al pueblo agrícola; una entrevista con Isaac Navarro Ramos quien fue uno de los fundadores del transporte en el municipio y protagonista de la política en la primera mitad del siglo XX.

Igualmente dejamos a su consideración un texto de Carlos H. Matiz, publicado en su monografía

"Chía Ciudad de la Luna" editada en el año de 1945, que hace referencia a la evolución política del municipio hasta los primeros cincuenta años del siglo pasado.

Somos conscientes que falta una reseña más profunda de la evolución política de Chía en los últimos cincuenta años, especialmente esa reseña de cómo vivió Chía la época de la violencia, el Frente Nacional, la etapa anterior al año 1988 con la primera elección de alcaldes por voto popular y la incidencia que ha tenido en la política local. Pero es una historia que aún se está construyendo, y los resentimientos que produjo no se han decantado.

LAS HERRERÍAS, PRIMERA INDUSTRIA DE CHÍA EN EL SIGLO XX

 

A finales del siglo XIX, cuando el transporte terrestre cambió del lomo del indio al lomo de las mulas y los burros, e hizo su aparición el ferrocarril y con él también llegaron los carros de yunta y los coches halados por caballos, un puñado de hombres "verracos" en físico y espíritu, a golpes de mazo y martillo forjaron el inicio de una de las principales actividades del municipio en ese tiempo.

 

En las herrerías se fabricaban los carros de yunta, se hacían las llantas y los ejes, las herramientas que usaban en los campos, las herraduras y los clavos para las recuas de mulas, de caballos y de jumentos, que recorrían los campos y la Sabana de Bogotá llevando los productos del municipio, junto a la sal de Nemocón y Zipaquirá, hasta llegar el puerto de Honda de donde regresaban cargadas con las últimas novedades importadas de Europa.

 

Se trabajaba a puro pulso, pues no se conocían los adelantos de la química y de la física que los ayudara; no había sopletes, ni soldadura, ni ácidos que facilitaran el procesamiento de los metales, ni calibradores; los herreros únicamente, contaban con el fuego, el aire, el agua y la materia prima que era el hierro, el cual moldeaban como la cera.